REPROCHES AL GENERAL RIEGO

Estudiando la figura de Riego me di cuenta que tenía tantos partidarios como detractores. Unos ensalzaban sus virtudes y otros acentuaban sus vicios. Tanto unos como otros exponían toda serie de argumentos para apoyar sus posturas. Estoy completamente de acuerdo con Tuero Bertrand cuando dice que sobre Riego se podrían haber hecho dos biografías totalmente antagónicas.

Hoy me voy a inclinar hacia la postura de los detractores. Voy a limitarme a hablar de las cuatro principales inculpaciones que estos le hicieron.

La primera fue la de haber apartado al ejército expedicionario de su misión en Ultramar. Dicho ejército estaba a la espera de ser embarcado hacia las colonias americanas. Esperando la orden de embarque, pudieron presenciar los soldados españoles la situación lamentable en que llegaban los compañeros que llegaban de aquellas tierras. El general Riego puso el grito en el cielo al comprobar el estado en que estaban los barcos con los que se pretendía transportar al ejército de Ultramar. Debido a la incapacidad de construirlos en España, se optó por hacer una compra al zar ruso. Una compra que se realizó sin luz ni taquígrafos y que nos vendieron unos barcos desechados por Rusia que, a juicio de Riego, estaban en tan mal estado que no eran dignos para hacer dicho traslado.

La segunda inculpación que se le hizo tiene que ver con su actitud política al enfrentarse al doctor Argüelles. Liberal. Era un orador vibrante y tras el pronunciamiento de Riego fue nombrado ministro de la gobernación. Dicho enfrentamiento fue la causa de la escisión del partido liberal en doceañistas y exaltados.

La tercera inculpación consistió en hacerlo responsable de los disturbios sociales que trajeron como consecuencia la intervención extranjera. Estamos hablando de los «Cien mil hijos de san Luis» y de un enorme baño de sangre a lo largo y ancho de todo el país. Pero ¿quién llamó a las puertas de Francia solicitando dicha invasión?

Por último, se le reprochó a Riego la falta de capacidad para el desempeño en la vida pública. Y puede que no les faltara razón Pero lo que también es cierto es que trabajo, honradez y entrega nunca le faltó.

SOBRE EL LIBERALISMO

Hablar de Liberalismo es hablar de Riego y es hablar también de Fernando VII —el rey más infame que se haya calzado la corona española en la historia de la monarquía española sin duda alguna—. Y hablar de Riego es hablar del personaje histórico que fue y del mito en el que se convirtió ya en vida y que no tardó en desvanecerse.

     Ese hombre llegó a identificarse con un himno. Un himno que muy pocos podrían tararear hoy en día y que, a pesar de que habla del Cid y que nombra a Riego, son menos los que pueden decir algo de la letra.

     Si hablar de Liberalismo es hablar de Riego, hablar de Riego es hablar de la pugna que hubo entre él y Fernando VII. ¿Pugna? No. No se puede hablar de pugna cuando Riego luchó en defensa de su rey durante la guerra de la independencia, siendo apresado por las tropas francesas y encarcelado en Francia. Riego defendía la Constitución de 1812, quería que su rey la respetara. Aspiraba —y entregó su vida por ello— una monarquía parlamentaria y constitucional, que es lo que hoy tenemos a pesar de Fernando VII.

     Riego fue ahorcado en la plaza de la Cebada de Madrid el 7 de noviembre de 1923. Cabe pensar que fue una derrota para el Liberalismo. Pero si repasamos un poco la historia veremos que tras el ahorcamiento de Riego el absolutismo monárquico entró en barrena. Fernando VII sobrevivió casi diez años al crimen cometido sobre Riego. Le sucedió en el trono su hija Isabel y bajo la regencia de su madre María Cristina surgió la guerra entre liberales y absolutistas con la victoria, tras siete años de lucha, de los liberales. Sin lugar a dudas, el crimen real de Riego dio muerte al absolutismo monárquico.

     La reina regente se vio obligada a dar un Real decreto reponiendo en su buen nombre al general don Rafael del Riego, concediendo a su familia una pensión:

«Si en todas las ocasiones es grato a mi corazón enjugar las lágrimas de los súbditos de mi amada hija, mucho más lo es cuando a este deber de humanidad se junta la sagrada obliga- ción de reparar pasados errores.

El General don Rafael del Riego, condenado a muerte ig- nominiosa en virtud de un decreto posterior al acto de que se le acusó, y por haber emitido su voto como Diputado de la Nación, en cuya calidad era inviolable según las leyes entonces vigentes y el derecho público de todos los Gobiernos representativos, fue una de las nobles víctimas que en los momentos de crisis hiere el fanatismo con la seguridad de la justicia…

…Por tanto, en nombre de mi augusta hija doña Isabel II, decreto lo siguiente:

Artículo 1.° El difunto General don Rafael del Riego es repuesto en su buen nombre,

 fama y memoria.

Art. 2.° La familia gozará de la pensión que le corresponde según las leyes.

Art. 3.° La familia queda bajo su protección y durante la menor edad de ésta, bajo la mía.

Dado en el Pardo, a 31 de octubre de 1835.— Cristina».

LA ESCRITURA Y LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS.

Algunas de las personas que leen mis obras me dicen que debo buscar una editorial más grande, que presente mis novelas a premios literarios o que porqué no escribo de tal o cual temática.

Respecto a los que opinan que debo presentar mis novelas a premios literarios no me voy a pronunciar, ya que poco sé de ellos y del proceso de elección de los ganadores.

A los que me aconsejan de la temática que debo elegir para escribir, primero agradecer el consejo, porque sé que lo hacen desde el cariño. Pero tienen que saber que cada autor escribe sobre lo que siente y que, a mi juicio y con todo el respeto, las novelas se nos aparecen sin buscarlas como puede caer enamorado cualquier adolescente de una chica o viceversa.

Ahora viene lo más difícil de explicar: que me busque una editorial más grande. Pues claro. Una editorial grande es como un escaparate en la calle principal de cualquier ciudad. Te da más visibilidad y, por tanto, más posibilidad de que te lean. Pero hay una cosa que ha influido mucho en la Literatura y en el proceso de difusión de la escritura. No es otra cosa que las Nuevas Tecnologías.

Todos sabemos que la llegada de internet y las Nuevas Tecnologías ha cambiado enormemente nuestra forma de comportarnos. Dicho comportamiento engloba, sin lugar a dudas, la forma de consumir Literatura. En primer lugar, ha aparecido un nuevo formato: el Epub. A parte de la aparición de un nuevo formato, como en otras tantas facetas de la vida, en el proceso de lectura se busca lo breve: las redes sociales se han llenado de microrrelatos. Nos encontramos también a veces con autores que publican sus historias en las redes de forma fragmentada como si se tratara de una serie televisiva.

Igual que ha ocurrido con el cine, han aparecido plataformas donde se pueden leer relatos de numerosos escritores. Los videojuegos también se han convertido en otra oportunidad para la escritura. Hay numerosos juegos basados en obras literarias.

Y ¿para qué cuento todo esto? Pues muy fácil. Para que la gente entienda que en el proceso de escritura hay dos fases bien claras. En primer lugar, el escritor se vuelve anacoreta. Desaparece del mundo y se dedica durante meses o años al proceso de creación de su obra. Cuando la ha leído diez o doce veces y la ha corregido casi otras tantas, tiene que encontrar el modo de hacerla visible para el público lector que cada vez va siendo menos, por cierto. Ahí viene el problema. Si no das con la tecla tienes que ganarte los lectores de uno en uno.

¿BILINGÜISMO?

Que nuestra lengua materna la necesitamos para expresar nuestros sentimientos y a través de la cual se forman nuestras estructuras del pensamiento, es algo que parece estar muy claro. Que hablamos en inglés por necesidad profesional o porque hemos viajado a un lugar donde no hay otra forma de entenderse que acudir al idioma del imperio también parece claro.

Una lengua materna es el alma que constituye a los pueblos. Una lengua adquirida es una simple herramienta que hemos incorporado a nuestros conocimientos por mera necesidad.

Y digo todo esto por esa jodida manía de querer equiparar nuestra lengua materna con el inglés, lo cual no suele redundar casi nunca en que nuestros jóvenes hablen un inglés fluido sino que, más bien, lo que se suele conseguir es no sean capaces de hablar un español elaborado y capaz de dotarles de un habla para desarrollar reflexiones profundas.

El dislate llega a tal que como las ciencias naturales y las ciencias sociales se dan en la lengua anglosajona, el alumnado apenas son capaces de enterarse de algo de su historia, del funcionamiento del cuerpo humano o del planeta. El caso más ridículo lo he observado en unos amigos que al ir a hablar con su tutora, ya que no se enteraba su hijo de nueve años de nada de lo que le explicaba la profesora «bilingüe» le aconsejaron que estudiaran dicha materia en casa en español. Y eso es lo que están haciendo desde hace un par de años para evitar tener en casa un asno bilingüe.

REFLEXIÓN SOBRE NUESTRA MEMORIA HISTÓRICA

Un noble interés mueve a la sociedad española últimamente. No es otra que reflexionar sobre nuestro pasado. Sin duda alguna, me parece una tarea tan generosa como sublime. No tengo ninguna duda de que el olvido conduce a la repetición de errores pasados. Y en España el cúmulo de ellos forman una enorme montaña. Considero, pues, un ejercicio muy salutífero mirar hacia atrás y mirarnos hacia dentro.

Hacer memoria nos ayuda a estar atentos ante el diablo que siempre acecha. Seguramente, también nos convierte en personas más justas y morales. Nos obliga también a estar activos y no emperezarnos con nuestro futuro, que no es otro que el de nuestros hijos. La memoria evita repeticiones estúpidas, ya lo creo que sí. Pero lo que no me gusta es que la memoria sea sectaria.

¿Por qué digo esto? Muy fácil de entender. Tengo publicada una novela, «Voces de silencio» que muestra el devenir de unos cuarenta mil soldados en el norte de Marruecos en julio de 1921. Estoy hablando del «Desastre de Annual», por supuesto. Además de la novela publicada, tengo escrita un ensayo sobre ese mismo conflicto y un libro de viaje haciendo el mismo recorrido que hicieron aquellos pobres soldados desde Melilla hasta Alhucemas. En Annual murieron en un solo día entre diez mil y quince mil soldados. Gente tan pobre y tan miserable que no tenían seis mil reales para poder librarse de acudir a dicho conflicto. Quien pagaba dicha cantidad estaba exento de acudir a lo que dio en llamarse —y no les faltó razón— el matadero. Aquella aventura colonial quedó sustentada por los más pobres de cada pueblo. Y allí murieron una buena cantidad de ellos. Y allí quedaron mal enterrados un buen número de ellos. ¿Alguien ha oído alguna vez sacar los restos de estas personas y repatriarlos para entregárselos a sus familiares? En Sidi Dris se encuentran huesos sin necesidad de cavar ningún hoyo. Parece ser que haciendo unas maniobras, un barco español, haciendo prácticas de tiro, levantó la tierra donde había una gran cantidad de soldados españoles y quedaron sus huesos al aire libre.

Este sectarismo no justifica suficientemente que esté en contra de hacer memoria, pero me ayuda a entender que sobre la memoria puede haber tergiversación innecesaria.

CASA DE CUENCA EN BARCELONA

El presente artículo no tiene otro propósito que agradecer a esta institución el fin de semana que me han hecho pasar.

Un fin de semana tan intenso para la ciudad con dos grandes manifestaciones recorriendo el centro de la ciudad, como para mí esquivándolas para presentar mis dos últimas novelas «Voces de silencio» y «Lo decidió el destino».

Sobre las manifestaciones, que las tuve que cruzar, nada voy a comentar. Sobre la presentación de mis novelas sí que lo voy a hacer. Y no tengo más remedio que hacerlo desde el agradecimiento. He de decir, ante todo, que siempre que me expongo frente a frente con paisanos míos, noto que sus caras se iluminan de ilusión y de orgullo —así somos los de Cuenca, ¡qué le vamos a hacer—. Pero cuando me topo con paisanos lejos de nuestra tierra, todo se intensifica y se magnifica.

Me encontré de entrada con un público entregado. Lo noté desde ese cálido aplauso inicial. Qué bien sonó en aquel salón de actos. Creo que ha sido el acto de presentación que más gente ha acudido. Gente con una vida digna de novelarse. Porque no hay mayor aventura que la de salir de la tierra que te vio nacer y, dejando el burro, la azada, las ovejas y la hoz marcharse a una ciudad en busca de otra vida que le permita progresar y sacar adelante a su familia.

No fueron pocos los jubilados y jubiladas que, acercándose a mí, me contaban —y en sus caras se los notaba— el dolor del día que tuvieron que abandonar sus pueblos de la serranía conquense en busca de un futuro incierto. Y no se les dio mal a tenor de lo que me contaban. Quien no le hace asco al trabajo y quien no se arredra ante los problemas de la gran ciudad, cómo no le va a ir bien. Aquella primera generación de emigrantes sabían muy bien lo que había que trabajar para arrancarle a la tierra el sustento para vivir. Llegaron a Barcelona remangados y con la piel llena de rasguños.

Al presidente Enrique, a la vicepresidenta Isabel, a Felisa y a todos los que asistieron —gente llana, trabajadora y humilde— y disfrutaron de mi presencia en Barcelona, ¡GRACIAS, GRACIAS, MUCHÍSIMAS GRACIAS!

NOVELA NEGRA (2): La novela policiaca.

Nacida en el XIX, la novela policiaca pertenece al genero narrativo. Un detective, un crimen, un asesino, un móvil y mucho misterio son sus mejores ingredientes.

En la novela policiaca, el detective, mediante la observación, la deducción y el análisis, intenta resolver un enigma y da con el asesino. El lector, que suele identificarse con el detective, vive las pesquisas en primera persona.

Los escenarios de la novela policiaca son urbanos, no en vano dicho género nació a la vez que los cuerpos de seguridad de las ciudades europeas.

Los rasgos más comunes en la novela policiaca son el planteamiento de un caso, el método científico para que, a partir de la observación, análisis y deducción, un investigador culto y amante de la ciencia, llegue a la solución final. La investigación no solo debe descubrir al culpable de un crimen. Es necesario que el lector entienda cómo lo hizo.

El padre de la novela policiaca fue Edgar Allan Poe y la novela con la que se inició dicho género fue «Los crímenes de la calle Morgue», publicada en 1841. Así pues, el primer detective literario fue Auguste Dupin que con posterioridad inspiró al celebérrimo Sherlock Holmes.

En un principio, el interés de las novelas se centraba en el argumento, aclarándose la trama en el método deductivo. Giró más tarde hacia una explicación psicológica de los hechos y al comportamiento de los individuos. Ultimamente el estilo se ha hecho mucho más realista y violento.

Junto con Edgar Allan Poe; Arthur Conan Doyle, G.K. Chesterton, Agatha Christie y George Simenon son autores insignes de la escuela inglesa.

En España podemos mencionar a Pedro Antonio de Alarcón y a Emilia Pardo Bazán.

DARWINISMO SOCIAL

No es otra cosa que la aplicación de la teoría de la evolución de las especies al desarrollo de las sociedades con el peligro que eso conlleva. De acuerdo con esta teoría la supremacía del más apto se haría visible en las sociedades o en los grupos sociales que han luchado para prevalecer sobre otros.

Defensores de esta teoría afirman que la historia se pueda estudiar bajo el paradigma de la teoría de la evolución aplicando las mismas leyes que se aplicaron para explicar le teoría de la evolución de las especies que no es otra, por supuesto, que la supervivencia del más apto.

El propio Darwin, en La filiación del hombre, llegó a aceptar que su teoría sobre la evolución de las especies no es aplicable a la historia social ya que el comportamiento humano tiende a proteger y a salvaguardar los eslabones más débiles de la sociedad.

LO DECIDIÓ EL DESTINO (documentación)

Decidí escribir «Lo decidió el destino» cuando todavía no había terminado mi anterior novela «Voces de silencio». Documentándome sobre ella encontré una hermosa historia de amor en Auschwitz y decidir escribir sobre ello.

Me pregunté a mí mismo el motivo por el que me tenía que poner a escribir sobre el tan trillado asunto de Auschwitz y de los nazis. «Para golpear las conciencias dormidas. Ten en cuenta que sucedió lo impensable. No debemos olvidar a las víctimas ni mirar hacia otro lado. La falta de memoria produce nuevos genocidios. Aquello que ocurrió y que deploramos lo seguimos viendo en los palestinos, en el País Vasco, en los inmigrantes o en los presos de Guantánamo. Los nazis no solo querían matar a seis millones de judíos, también intentaron no dejar rastro. Qué mejor forma de impartir justicia que mantener vigente la que se conculcó contra gente inocente», me respondí a mí mismo.

En el proceso de documentación me di cuenta que aquella barbarie no comenzó con el nazismo. En la década de los 20, el darvinismo social hacía estragos en las conciencias transformándose en la conciencia ética y política de una clase social agresiva que quiere presentar su dominio como manifestación de una ley natural universal hasta el punto de considerar moralmente nocivo cualquier obstáculo al mejoramiento biológico.

Se habló del perfeccionamiento de la raza que, por cierto, se realizaba con la aquiescencia de los Estados. Se habló también de la higiene racial como mejoramiento de la raza que no consistía en otra cosa que crear una raza más sana y más fuerte. Todos estos hechos formaron el entramado de la maquinaria eugenésica puesta al servicio de intereses torticeros de gobiernos y científicos.

Teorías de la selección de Darwin, de la evolución de Lamark y de la población de Malthus se van trabando poco a poco con la clara intención de intentar el mejoramiento de la raza. En Estados Unidos fue donde primero se pusieron en práctica estas teorías. De aquí a lo que fue la limpieza racial en Alemania solo había un paso. Se oyó la idea de asesinatos por compasión. De acabar con los inadaptados. Surgieron las Leyes de Inmigración de 1.917 y de 1.924, que venían a ser el desencadenante de una política restrictiva de flujos migratorios hacia EE.UU….

RIEGO: del himno a la horca

Próxima a aparecer mi próxima novela «Riego: del himno a la horca», quiero publicar las primeras páginas de la obra donde describo el motivo por el que me lancé a escribir sobre este personaje tan proscrito de nuestra historia:

INTRODUCCIÓN

Me interesé por la figura y personalidad de don Rafael del Riego y Flórez una soporífera tarde de verano. Tras una copiosa comida de mediados de agosto, a la espera de que pasase la canícula, me fui a descansar al hotel. En el cajón de la mesita de noche me encontré un libro aligerado de páginas que me podría servir para pasar el rato de siesta caso de que no cayera bajo el influjo de Morfeo. Se trataba de la obra «Riego, proceso a un liberal» de Francisco Tuero Bertrand.

     Se centraba dicha obra principalmente en el análisis del proceso al que se le sometió y que se le condenó a la pena de muerte. A medida que deslizaba la vista sobre los renglones, me fui dando cuenta de la profundidad del personaje y del olvido a que se había sometido. Sin lugar a dudas, me sentí fascinado por él y al regresar a casa hice acopio de toda la bibliografía que encontré y me sumergí en la persona y en el mito en que quedó convertido en la época que le tocó vivir.

     Me di cuenta que tenía tantos partidarios como detractores. Unos ensalzaban sus virtudes y otros acentuaban sus vicios. Tanto unos como otros exponían toda serie de argumentos para apoyar sus posturas. Estoy completamente de acuerdo con Tuero Bertrand en que sobre Riego se podrían haber hecho dos biografías totalmente antagónicas.

     Invocaban los detractores a la obediencia masónica, a la ambición, a la indisciplina, a la adulación y al intento de medro personal. Se le reprochaba ser un traidor aludiendo que había dado lugar a la insurrección americana y se le atribuía la pérdida de las colonias.

     Por el contrario, los adictos a su persona le otorgaban condición de héroe y lo consideraban líder de un movimiento fiel a sus principios liberales. Para estos no era un traidor sino un patriota incorruptible y un defensor implacable del régimen constitucional.

     Veo muy difícil no caer en manipulaciones o en partidismos ideológicos interesados, por lo tanto resultaría jactancioso pretender ser imparcial en este asunto. Por añadidura, aun siendo sabedor de las aristas del susodicho personaje, he de confesar que me siento firmemente atraído por la figura de Riego.

     Lo que tiene el lector en sus manos es simplemente una novela, una novela con transfondo histórico, una novela biográfica, pero que se desliza a veces por derroteros pertenecientes a la fábula y a la imaginación. Si me he decido a escribirla es porque me di cuenta que a Riego solo se le conoce hoy en día por el himno, tengo la impresión de que es un personaje que ha caído injustamente en el olvido. Para muestra hago ver que en la plaza de la Cebada, lugar donde fue ahorcado, se le despacha con una pequeña placa en la pared que se hace preciso dar varias vueltas a tan destartalado lugar para dar con ella. Además del olvido, me he animado a hacerlo protagonista de mi novela porque me he dado cuenta que, a pesar de sus posibles vicios o defectos, fue un adelantado a su tiempo. Por lo que luchó realmente el general Riego fue por una Monarquía Constitucional y Parlamentaria, que es lo que hoy tenemos en España.

     Es evidente, pues, que no pretendo narrar la novela desde la imparcialidad ya que no me considero estar lo suficientemente alejado del personaje que he hecho protagonista de mi novela. Por el contrario, a pesar de las luces y sombras de las que todo hombre es innato portador, me reitero en que me siento adepto a la figura de Riego. Eso no quiere decir que esté de acuerdo con todas las decisiones que tomó desde el año 1820 hasta el 1823 (trienio liberal).

     Respecto a los detractores, nada que objetar. Entiendo que cada persona tenemos distintos ángulos desde los que podemos ser observados. Sin lugar a dudas, en un personaje de la talla de Riego se hace mucho más patente tal variedad de perspectivas. Ahora bien, a los detractores furibundos, esos manipuladores de la realidad, los aduladores de la figura del rey —el peor rey de la historia de España a mi juicio: un rey tan injusto como felón—, a esos emponzoñadores de la historia no les concedo el mismo respeto.

     La obra que tienes en tus manos es una novela histórica y a la vez biográfica. Quiere esto decir que ha sido necesario respaldarla con documentos. Para ello he tenido que acudir a la bibliografía que cito al final de la obra. Debo subrayar al respecto que de especial ayuda me ha resultado la biografía de Eugenia Astur sobre Riego que escribió allá por el año 1925. Dicha ayuda la baso no solamente en la extensión de la obra y en su calidad de la prosa sino en la fidelidad histórica. Sabedora de que Riego sería incomprensible sin su época, la autora tiene un conocimiento de la época cabal, y lo tiene en una época en que la erudición sobre los orígenes de nuestro liberalismo era inexistente. A este respecto, me parece muy acertado cuando Alberto Gil Novales advierte en la introducción de la reedicción de dicha obra que el talento natural de Eugenia vino a llenar dicho vacío. La autora pareció darse cuenta de la falsedad y de la malignidad de esos personajes detractores malintencionados, denunciando las afirmaciones de dichos sujetos.

     Todas estas lecturas me han ayudado a conocer al protagonista de mi novela y como la idea que me he hecho del personaje coincide bastante con la que de él hizo Modesto Lafuente, he considerado transcribirla: «Sin duda Riego había sido muchas veces arrebatado, y ni había tenido el talento ni desplegado la cordura que exigía la posición a que le habían elevado las circunstancias y los arranques de su genio. Irreflexivo por lo general, y muchas veces puerilmente vanidoso, si bien no es del todo extraño que el aura popular le embriagara y trastornara. Había cometido errores y extravíos, pero deseaba sinceramente la libertad y la prosperidad de su patria; su corazón era generoso y no inclinado a la maldad, y muchas veces le debieron la vida algunos de sus sacrificadores, incluso el que desde la cumbre del poder confirmó su sentencia de muerte».

     Para contar la historia de Riego hay que definir con claridad diáfana cómo se puede pasar en tan poco tiempo de tener himno, cancionero y romancero propio a ser ahorcado. Quizá la clave nos la da Jiménez Losantos cuando dice que «La vida de Riego, llamado El Héroe de las Cabezas por haberse rebelado al frente de sus tropas en Cabezas de San Juan (Sevilla) para imponer la vuelta a la Constitución de 1812, abolida por Fernando VII, es romántica, liberal, aventurera, heroica, desdichada y trágica». De un artículo suyo en “Libertad digital” tomé precisamente el título de mi novela.